jueves, 23 de abril de 2009

Periostitis (2ª Parte). Prevención I

Por F. Javier Molano Higuero
En el anterior capítulo vimos las causas fundamentales que pueden provocar periostitis.
A partir de este conocimiento podemos extraer una metodología para prevenir su aparición.
Respecto a la posibilidad de recibir algún tipo de golpe en las espinillas no podemos decir nada, pues es una situación puntual que dependerá de la suerte y la atención del individuo.
Pero respecto a la influencia de la toma de contacto del pie con el suelo al correr o caer de los saltos, si podemos tomar precauciones.
Respecto a la pisada: Nuestra manera de apoyar el pie en el suelo, determina la manera en la que la energía surgida de este contacto se transmita hacia arriba. Una mala pisada puede concentrar gran tensión en las tibias, provocando periostitis.
El uso de una plantilla correctora puede equilibrar el apoyo del pie y del talón. Un buen trabajo de técnica de carrera contribuye a mantener una buena pisada. Hay que corregir la tendencia a abrir los pies hacia fuera (pisada de pato).
Respecto al contacto con el suelo tenemos 2 factores:
- La dureza del suelo: Siempre es aconsejable la carrera por terreno blando (especialmente hierba y tierra), reduciendo el trabajo de pista y asfalto al mínimo posible, pues es más agresivo. Pero también hay que evitar la acomodación a un tipo de terreno, pues si nos acostumbramos a correr siempre por un terreno muy blando, podemos llegar a tener molestias e incluso periostitis, si tenemos que empezar a trabajar en pista o asfalto. Si notamos rigidez en la pierna o exceso de tensión, lo mejor es pasar a la hierba.
- La dureza de la zapatilla: Lo mejor para el entrenamiento en general es el uso de zapatillas de suela blanda, con una buena superficie y material de amortiguación. Para trabajos de pista y asfalto a altas velocidades, se hace necesario el uso de calzados más ligeros y con menos amortiguación, pero la proporción de trabajo de estas características es mucho menor, por lo que se equilibra.
Por otro lado, sería interesante tener varios pares y tipos de zapatillas, y alternarlas a lo largo de las sesiones. Con esto evitamos apoyar el pie siempre de la misma manera, y con ello adquirir vicios que a la larga pueden degenerar cartílagos y sobrecargar ciertas zonas (las tibias entre otras). La alternancia de zapatillas enriquece el apoyo y previene lesiones.
Seguirá …

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